A través de tus ojos

A través de tus ojos

En la actualidad tenemos un abanico amplio en propuestas a la hora de tratar problemas caninos. Seguimos teniendo los tradicionales que meten caña si haces algo que no toca, pasando por los disfrazados de positivos que siguen metiendo caña, aunque a veces se les caiga algún premio, o los positivos que intentan hacer lo mismo que un tradicional, pero con la amabilidad de la recompensa. Luego existe un grupo entre los que me encuentro que intentamos ver a través de los ojos del perro con mayor o menor éxito e intentamos formular propuestas que ayuden al perro a sentirse más seguro y por ende con menos necesidad de emitir respuestas “problemáticas”.

Cuando hablamos de problemas de comportamiento, entendiendo que realmente se trate de un problema y no tengamos delante un propietario carente de sentido común que puede molestarle que su perro quiera oler un pipi o que después de meterle la mano en la comida decenas de veces, por fin se lleva tan merecido mordisco. Hablamos de problemas que afectan a la convivencia o el desarrollo normal y seguro de nuestro día a día. Problemas donde el perro empieza a tener serias dificultades para convivir o gestionar determinadas situaciones; cruzarse con otros perros o personas extrañas, ser capaz de permanecer solo en casa o tranquilo durante un paseo, son algunos ejemplos.

Cuando un profesional nos presenta un diagnóstico debe estar respaldado por el rigor científico y el sentido común. Debe ser presentado en un lenguaje claro, entendible y abierto a dudas o explicaciones. Las teorías o propuestas que razonen determinados comportamientos por falta de ejercicio o excesos de energía por tratarse de determinadas razas o edades, deben ser puestas como poco, en cuarentena. Tratamientos que culpabilizan o sitúan al perro como sujeto malévolo conspiranoico, capaz de perpetrar audaces planes para obtener poder y jerarquía deben ocupar el lugar que les corresponde, la basura.

En general, son muy bienvenidos por el propietario, todas aquellas propuestas que otorgan al perro el papel protagonista de lo ocurrido, nos eximen de responsabilidad y cambios propios, pero nada más lejos de la realidad, es el hacer del propietario y su actuación la que debe ser analizada y bien asesorada para cumplir el correcto papel que le corresponde en los problemas del perro en la actualidad. Dicho de una forma mucho más clara y concisa, nos toca como propietarios responsabilizarnos en muchas ocasiones de generar en nuestros perros situaciones y estados que los lleva cometer conductas que nos molestan o que no entendemos. Somos capaces de acariciar alocadamente, tocar de manera desproporcionada e incluso hablarles como si fueran sordos y luego queremos que en pocos segundos sean capaces de estar tranquilos y calmados. Podríamos enumerar decenas de situaciones que no ayudan a nuestros perros a desenvolverse de forma tranquila y equilibrada por este mundo cada vez menos canino y entendible en el que hemos decidido que vivan.

Es oportuno puntualizar (llevaría otro artículo o un libro quizás) que los problemas de comportamientos generalmente importantes que afectan a la convivencia diaria, suelen ser, por no decir, son, de carácter emocional. Es decir, un perro que lanza la boca o ladra de forma descontrolada a determinados estímulos, es un animal cuyo estado emocional está alterado o desequilibrado. Deberemos revisar y analizar qué elementos de su vida deben desaparecer y qué otros deben aparecer para restablecer emocionalmente ese sujeto y pueda vivir en relativa harmonía con su entorno.

Será entonces cuando debamos plantear soluciones que nazcan de un análisis objetivo, generoso y empático. Sí vamos a tratar problemas de perros debemos analizarlo desde la naturaleza de la especie que estamos tratando. Intentar entender que le ocurre a un perro, saber por qué gestiona u ofrece determinados comportamientos vistos desde una perspectiva humana será como poco un ejercicio estéril, pobre y carente de recursos eficaces que incidan en el origen del problema. Para ayudar a alguien debemos entender que le está ocurriendo, debemos saber de donde parte su problema. Pero también debemos conocer de qué herramientas o capacidades dispone para crearse un camino que lo saque de esa situación.

Determinadas herramientas o soluciones están pensadas más para el beneficio de profesionales o la comodidad de propietarios que para ayudar al perro. Proponer numerosas sesiones de obediencia o poner un collar de descargas son soluciones rentables para muchos profesionales y muy cómodas para propietarios, donde no se les va a pedir nada más que pulsar si aparece determinados comportamientos. Son propuestas que no ahondan ni investigan en los motivos por lo que nuestro perro realiza determinados comportamientos y sí lo hacen suelen ser teorías obsoletas o con poco rigor científico.

 

Plantear soluciones realmente eficaces nos obliga a mirar detrás de esa cortina de comportamientos molestos y entender que hay detrás. No es fácil llegar a esas conclusiones y en ocasiones cuando llegamos no nos gusta lo que vemos en ese espejo que es nuestro perro. Ese espejo nos dice que muchas cosas han de cambiar y la principal en ocasiones somos nosotros. Darnos cuenta con la ayuda de un buen profesional no suele ser muy difícil. Lo difícil es asumirlo.

Muchas de estas soluciones atentan contra ideas preconcebidas, costumbres adquiridas o deseos y expectativas que justificaban la presencia de un perro en nuestras vidas. En cuanto se tambalea nuestra comodidad y debemos pensar en lo que realmente necesita ese perro, los argumentos neurofisiológicos y conocimientos caninos más sólidos, se miran con recelo. Es ahí cuando empiezan a cobrar sentido los términos soluciones generosas y verdadera convivencia. Cuando las principales ideas en una asesoría pretenden devolver al perro a su naturaleza, su esencia y nos piden mirar y actuar en beneficio del perro, cuestionando y juzgando muchas de las cosas que han ocurrido, nos obligará a salir de la zona de confort y replantearnos muchas cosas ocurridas.

Resumiendo, los problemas de nuestros perros deben ser estudiados con rigor y sentido común pero siempre desde una perspectiva de especie. Las soluciones, deben ser entendibles y abiertas a debate, pero justificadas desde el conocimiento. Estas siempre buscarán confluir con la idiosincrasia del perro y proporcionar su equilibrio emocional. Este tipo de trabajo nos obliga a realizar el esfuerzo de aprender a mirar con los ojos de nuestro perro y abandonar en ocasiones, determinadas ideas o prejuicios establecidos. Será pues un trabajo de generosidad y esfuerzo por entender a una especie distinta a la nuestra que nos brindará una convivencia verdadera, ayudándola a convivir a nuestro lado una vida cada vez más alejada de su naturaleza.

Cristóbal Illana.

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