El uso de collares de impulsos

El uso de collares de impulsos

Desde el primer día vive para su perrita, ya se ha hecho grande, pesará 40 kg. Viven solos, siempre que puede hacen escapadas al rio, a la playa, a pantanos, a ella le encanta el agua. Pero tanto no la debe querer cuando le ha puesto un collar de descargas. Según él: “es la única forma de atajar el problema tan grave que tiene con perros, eso la frena y con el tiempo ya irá entendiendo que eso está mal. Sí lo usas de forma correcta son buenos…”.

He leído comentarios y artículos especializados que abogan por el uso de collares de impulsos y me ha llamado la atención dos cosas; la principal es el cliché que aparece en la mayoría de comentarios donde se dice aquello de “usados en manos de un profesional son buenos…”. Pero aún me llamó más la atención varios artículos con un lenguaje muy elaborado, tan elaborado como confuso, cuya intención no era otra que justificar su uso amparándose en qué entiende cada uno por maltrato animal. Básicamente pretendía elaborar una serie de rangos o matices por los que, en función de la intención, los resultados que deseemos obtener y las situaciones en que nos encontremos, será considerado más o menos maltrato y por lo tanto más o menos ético.

He de reconocer que mi atención y posiblemente mi capacidad de asimilar lo que se pretendía explicar, ya fuera por ese lenguaje tan presuntuoso que en ocasiones te evade del tema o por dar tantos rodeos al tema en cuestión (los collares) iban decayendo a medida que avanzaba el texto.

La utilización de comparaciones maliciosas como equiparar el uso necesario de una correa en ciudad a otro tipo de artilugios sin atreverse a nombrarlos (collares descargas) parece una forma cobarde y poco elaborada para justificarse. Por descontado, mi capacidad de comprensión está afectada por el rechazo y animadversión a todos aquellos que pretenden defender o blanquear esta práctica, pero creo que esa necesidad de justificar o puntualizar de forma tan confusa el maltrato ya me alerta que algo no me va gustar.

Tengo muy claro que el uso de collares eléctricos debería estar prohibido. Tanto en el adiestramiento como en el ámbito de modificación de conducta su uso está contraindicado y desfasado.

En el momento que escuelas, profesionales e incluso particulares son capaces de conseguir resultados óptimos en la creación de comportamientos como por ejemplo la obediencia básica o trabajos más complejos como la detección, mediante métodos amables, exentos de correcciones, el uso de instrumentos aversivos como las descargas eléctricas deberían ser motivo de vergüenza e ineptitud.

Cuando trabajemos problemas como el miedo o la agresividad debemos dejar bien claro lo siguiente: radicando el origen del problema en el estado emocional del perro es completamente contraproducente e irracional usar un sistema que añadan más estrés, miedo o malestar, proporcionando así más alteraciones y desajustes emocionales al perro.

Pudiera parecer en ocasiones que la conducta no deseada parece remitir o desaparecer, pero nada más lejos de la realidad nos encontramos simplemente con una conducta inhibida por temor al aversivo que permanecerá latente mientras exista la amenaza de la descarga. Es ahí cuando me gusta preguntar a los defensores de estas técnicas, sí funciona tan bien ¿por qué sigues usándola después de tanto tiempo? ¿el perro aún no aprendió que esa conducta está mal? Por cierto, su uso continuado conlleva una habituación, es decir, donde ayer necesitabas 1, mañana serán 2 y subiendo…lo que empezó con un “calambrito” molesto o un cosquilleo con el tiempo puede terminar en algo mucho más doloroso y peligroso.

Tanto en trabajos de adiestramiento como en trabajos asociados al estado emocional del perro tenemos profesionales muy capaces de hallar soluciones y resultados favorables que inhabilitan el uso de técnicas crueles y dolorosas. Por otro lado, el uso de técnicas que asustan, que crean confusión, que añaden estrés ante lo que sucede o puede llegar a suceder (a veces no es tan malo lo que me ocurre como la amenaza de lo que me puede ocurrir) son de dudosa ética al provocar en nuestros perros ese estado de alerta, miedo y malestar.

Debemos tener en cuenta que la utilización de corriente eléctrica sobre un organismo supone siempre unos riesgos que pueden originar distintos daños e incluso causar la muerte. Contracción muscular, pudiendo llegar a la tetanización, parálisis respiratoria, fibrilación ventricular y finalmente parada cardiaca son algunos de los efectos que pueden ocurrir con el uso de electricidad en un organismo vivo.

Más aspectos que debemos tener en cuenta para rechazar este tipo de prácticas son, por ejemplo, la capacidad y criterio de la persona que lo ejecutará. El timing y la intensidad adecuada son dos criterios a tener muy en cuenta para que realmente se produzca ese “aprendizaje” en el perro. He visto muchos alumnos iniciarse en el clicker y era de agradecer que tuvieran una “ranita” y no un mando de descargas en la mano a la hora de clicar el momento adecuado.

La elección de la intensidad en la descarga, o lo mucho o poco que va a molestar/doler esa descarga es otro asunto que debemos decidir. La intensidad debe ser la adecuada para frenar la conducta, pero al mismo tiempo no debe ser tan intensa (dolorosa) para que el perro no sobrepase su umbral límbico, es decir, permanezca en un estado emocional o emocional-cognitivo (así todos lo entendemos mejor) óptimo para que se origine un aprendizaje, ¿de verdad, gente que no es capaz de hallar una solución amable a un problema tiene la capacidad de medir esa variable?

Otra duda que me asalta es la elección de escenarios propicios para que una vez aplicado el aversivo el perro haya sido capaz de entender algo. Pongo un ejemplo, imagina que entras en una situación donde se van a suceder con frecuencia elevada los estímulos que provocan las conductas a evitar, por ejemplo, una calle donde están paseando otros perros. En cuanto empiece la primera respuesta no correcta, ya sabemos que le sigue, ¿no? El estado emocional ya quedará mermado, ¿está ese perro en las mejores condiciones para seguir ese túnel del terror que le espera de perros y descargas? ¿Qué aprenderá de esa situación? ¿dejará de realizar la conducta ofreciendo algún comportamiento alternativo natural o simplemente dejará de hacerlo por el temor a la descarga? Porque sí solo frenamos la conducta a base de “latigazos” pero el perro no es capaz de crear un aprendizaje de ese comportamiento no deseado, lo que estamos haciendo simplemente es parar conductas a sartenazos.  No olvidemos que, según los expertos en esta materia, la de usar descargas, no se trata de parar una conducta sino de crear un aprendizaje alternativo, es decir, hacer entender al perro que cierta conducta no es correcta y trae consecuencias negativas y debe generar o crear una nueva conducta que no le causará ese malestar provocado por el aversivo. Es un buen momento para revisar o entender, que cuando ese perro sufra una descarga su sistema límbico se activará, su amígdala empezará a trabajar, la Adrenalina y Noradrenalina empezarán a circular por el torrente sanguíneo, se activarán los mecanismos de defensa y la capacidad de aprendizaje se verá afectada y mermada.

Podríamos entrar en debates técnicos sobre el uso experto o inexperto, en enfoques instrumentales o clásicos, en justificar su uso amparándonos en mejorar la vida de ese perro o matizar de forma capciosa el maltrato animal para aparentar tener legitimidad en su uso. No necesito imaginar que habrá problemas graves que lleven a muchos propietarios a creer que es la única solución que su entorno más inmediato les propone. Sé que hay momentos desesperantes donde parece no haber más salida que la de atajar como sea el problema. En ocasiones parece no haber tiempo para parar y pensar que estamos haciendo realmente. Pero luego recuerdo, si aquel joven (ahora ya no tanto) y su perra de 40 kg. pudieron abrir un libro y empezar a buscar una solución amable, dejando de hacer algo que en su interior lo estaba atormentando, ¿no podrás tú, que también amas a tu perro?

 

Roka, con dos de los seis perros con los que ha convivido a lo largo de su vida
Roka, con dos de los seis perros con los que ha convivido a lo largo de su vida

2 Comentarios

  • Carmen Pascual García Publicado el 8 abril, 2020 3:47 pm

    Completamente de acuerdo , no se podía esperar menos de un profesional como tú ,visto que los resultados que tiene son excelentes y nunca utilizando estos medios

    • RGPD:
  • Juan José Guárdelo Expósiti Publicado el 11 abril, 2020 5:56 pm

    ¿Qué añadir a lo que has expuesto?
    Nada.
    Lo suscribo hasta la última palabra.

    • RGPD:

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